Seguramente una de las tendencias, cualidades o pulsiones paradigmáticas que más determinan nuestro tiempo actual es aquello que podríamos denominar como “el aplanamiento del mundo”, que opera en numerosos estratos y se reproduce a través de una infinidad de lógicas y estrategias. Al decir “aplanamiento del mundo” nos referimos a la homogeneización estética, la uniformidad del gusto, la polarización política, la memetización de todo y, finalmente –entre otras muchas cosas–, la contemplación de un paisaje sin paisaje, es decir sin horizonte, sin salida, ni escapatoria ni porvenir, que nos avisa, con una pancarta en llamas: “no hay otra alternativa”. Para escapar de las fábulas apocalípticas inteligidas por el realismo capitalista, debemos comenzar a tantear los relieves, rugosidades y texturas de este mundo plural que habitamos.
Ante el mandato de universalidad de las ideas (valores por supuesto enunciados por y para un tipo de sujeto específico: blanco y cisheteronormativo, occidental, etc.), la dominación algorítmica del mundo y la globalización del capitalismo financiero –que parece no dejar esquina o rincón sin despojar de la fértil densidad que la opaca oscuridad/oscura opacidad condensa, abriendo espacios de posibilidad, de vida diferente: zonas temporalmente autónomas–, esta IV edición de las jornadas invertebrados dedicadas al Pensamiento Crítico sobre Cultura, Estética y Arte Contemporáneo gira el cuello 180 grados –quizás hasta partirse las vértebras– hacia una dirección totalmente opuesta: lo situado, la coyuntura específica, temporal o espacialmente localizada, que será en cada caso cuidada con mimo, atendida en su especificidad y mirada –o quizás olisqueada, palpada, escuchada– de manera poliédrica, en función de la multiplicidad de afectos, efectos y defectos que genera.

invertebrados IV aborda esta noción “situada” de manera transversal y multidisciplinar, no solo en sus contenidos, con investigaciones que aterrizan en lugares, momentos y situaciones de los que aprender, envolverse y dejarse permear para llevar a cabo ejercicios de rastreo, mapeo, especulación… Como decíamos, invertebrados IV no sólo asume únicamente este posicionamiento situado, esta puesta en situación, desde los temas o contenidos, sino también a través de las metodologías, las formas de hacer y deshacer.
En esta edición pensaremos desde las prácticas y procesos, para preguntarnos una y otra vez: ¿qué supone investigar un tiempo o espacio concreto que no has vivido?, ¿qué decir del otro, lo otro, lo radicalmente extraño, diferente, sin exotizar, encapsular, romantizar, simplificar, su identidad y cualidades?, ¿cómo rastrear las huellas de un territorio plagado de estratos, de capas y rumores?, ¿puede lo cuir, en su deslizamiento de las historias, con la torpe inteligente del gesto menor, ser una metodología, una forma de hacer-mirar-investigar-narrar-compartir?, ¿qué metodologías poner en práctica para revisar críticamente las dinámicas socioeconómicas de un paisaje cultural arruinado, de un territorio emponzoñado por las lógicas del turbocapitalismo?, ¿de qué manera dejar de reproducir en nuestras enunciaciones y/o metodologías de investigación las violencias estructurales que sostienen nuestro sistema actual —también el creativo, productivo, cultural e intelectual–?, ¿cómo crear-investigar con aquello que ha sido invisibilizado, o que de facto es invisible, imposible de ver pero no quizás de decir, o sea de expresar, con cierta inteligencia poética…?

“El aplanamiento del mundo” del que esta edición se ocupa no sólo se produce en el presente, sino que se extiende como un manto sinfín hacia el pasado y el futuro. En el porvenir asume la retórica de la falta de futuro, de la imposibilidad de pensar un mundo mejor, otro mundo, otra alternativa. Hacia el pasado se propaga muchas veces con un velo que cubre, tapa, aplana las historias y las traduce violenta y perversamente en la Historia con mayúsculas, una única, hegemónica y verdadera, que encierra traumas, opresiones, represiones y exilios. Ahí la ideología más escorada a la derecha cumple por supuesto un gran papel, así como también la mirada miope de quien quiere ver una panorámica de un paisaje bello y paradisiaco –a la manera del colono recién aterrizado en una isla que se le presenta exótica, fértil y accesible, lista para su conquista–, de un tiempo pasado que siempre fue mejor, de un escenario sin un otro, una otra, una alteridad radical, sin nadie con quien querer generar un mundo en común, una vez apagado el deseo de búsqueda de formas de estar junto con para una convivencia empática, trazada desde las especificidades e idiosincrasias, desde lo compartido y lo diferente.
Se trata por tanto, en esta edición, de caminar el futuro hacia el pasado, de tropezar con el presente, palpando con las manos, los dedos, los ojos, una ingente cantidad de pliegues y rumores que recorren las esquinas de nuestros mundos, como venas ancianas, como ríos cargados de promesas que van a morir al mar. Paisajes sin horizontes, rugosos mares de olas bravas, lagos y pantanos que se hunden en la memoria, flujos de cables transoceánicos, instantes de violencia y represión que todavía resuenan, como ecos que se presentan incesantemente, como estallidos, de pólvora, militar y festiva… Fenomenología del ruido en Valencia; estética fósil y escrituras desde el polvo; arquitecturas extractivistas; presas tardofranquistas y archivos promiscuos; pantanos en Navarra y rutas comerciales de guano en Perú; patrimonio natural –naturalizado– en Tenerife; historias de desaparición en el Valle de Cuelgamuros; cruces, placas y disputas de una memoria que tropieza en La Rioja; vivienda y urbanismo en Logroño; turismo y gentrificación en Mallorca; fronteras líquidas y bordes institucionales que se dispersan...
Y es que lo situado no es sinónimo de “acotado”, esto es, de “clausurado” o “circunscrito”, como si se tratara de un ente volumétrico que bien pudiera sostenerse en la palma de las manos, como piedra inerte o fósil a inspeccionar. Ponerse en situación es y será siempre un ejercicio del cuerpo (y de la mente), que se orienta(n), que mira(n) hacia algún lugar o momento de la historia, que adopta(n) una gestualidad, un léxico y una postura específica: la que permite comenzar a caminar en una dirección concreta (en el tiempo, la memoria, el espacio…), quizás para volver luego a cambiar el rumbo, la marcha, el ritmo, para andar en zigzag o para no retornar nunca. Comencemos.
Las Jornadas invertebrados de Pensamiento Crítico sobre Estética, Cultura y Arte Contemporáneo vuelven a Logroño con una nueva edición. Del 14 al 16 de noviembre, la ESDIR, la Biblioteca Rafael Azcona y La Lonja 39/41 acogerán ponencias y encuentros abiertos (de carácter gratuito) que reflexionan sobre las relaciones entre arte, territorio y sociedad.
Esta edición 2025, subvencionada por el Ayuntamiento de Logroño y con el apoyo de la ESDIR, consolida su apuesta por un pensamiento crítico descentralizado y de acceso libre, fortaleciendo el papel de la ciudad como espacio de reflexión cultural contemporánea.
Seguramente una de las tendencias, cualidades o pulsiones paradigmáticas que más determinan nuestro tiempo actual es aquello que podríamos denominar como “el aplanamiento del mundo”, que opera en numerosos estratos y se reproduce a través de una infinidad de lógicas y estrategias. Al decir “aplanamiento del mundo” nos referimos a la homogeneización estética, la uniformidad del gusto, la polarización política, la memetización de todo y, finalmente –entre otras muchas cosas–, la contemplación de un paisaje sin paisaje, es decir sin horizonte, sin salida, ni escapatoria ni porvenir, que nos avisa, con una pancarta en llamas: “no hay otra alternativa”. Para escapar de las fábulas apocalípticas inteligidas por el realismo capitalista, debemos comenzar a tantear los relieves, rugosidades y texturas de este mundo plural que habitamos.
Ante el mandato de universalidad de las ideas (valores por supuesto enunciados por y para un tipo de sujeto específico: blanco y cisheteronormativo, occidental, etc.), la dominación algorítmica del mundo y la globalización del capitalismo financiero –que parece no dejar esquina o rincón sin despojar de la fértil densidad que la opaca oscuridad/oscura opacidad condensa, abriendo espacios de posibilidad, de vida diferente: zonas temporalmente autónomas–, esta IV edición de las jornadas invertebrados dedicadas al Pensamiento Crítico sobre Cultura, Estética y Arte Contemporáneo gira el cuello 180 grados –quizás hasta partirse las vértebras– hacia una dirección totalmente opuesta: lo situado, la coyuntura específica, temporal o espacialmente localizada, que será en cada caso cuidada con mimo, atendida en su especificidad y mirada –o quizás olisqueada, palpada, escuchada– de manera poliédrica, en función de la multiplicidad de afectos, efectos y defectos que genera.

invertebrados IV aborda esta noción “situada” de manera transversal y multidisciplinar, no solo en sus contenidos, con investigaciones que aterrizan en lugares, momentos y situaciones de los que aprender, envolverse y dejarse permear para llevar a cabo ejercicios de rastreo, mapeo, especulación… Como decíamos, invertebrados IV no sólo asume únicamente este posicionamiento situado, esta puesta en situación, desde los temas o contenidos, sino también a través de las metodologías, las formas de hacer y deshacer.
En esta edición pensaremos desde las prácticas y procesos, para preguntarnos una y otra vez: ¿qué supone investigar un tiempo o espacio concreto que no has vivido?, ¿qué decir del otro, lo otro, lo radicalmente extraño, diferente, sin exotizar, encapsular, romantizar, simplificar, su identidad y cualidades?, ¿cómo rastrear las huellas de un territorio plagado de estratos, de capas y rumores?, ¿puede lo cuir, en su deslizamiento de las historias, con la torpe inteligente del gesto menor, ser una metodología, una forma de hacer-mirar-investigar-narrar-compartir?, ¿qué metodologías poner en práctica para revisar críticamente las dinámicas socioeconómicas de un paisaje cultural arruinado, de un territorio emponzoñado por las lógicas del turbocapitalismo?, ¿de qué manera dejar de reproducir en nuestras enunciaciones y/o metodologías de investigación las violencias estructurales que sostienen nuestro sistema actual —también el creativo, productivo, cultural e intelectual–?, ¿cómo crear-investigar con aquello que ha sido invisibilizado, o que de facto es invisible, imposible de ver pero no quizás de decir, o sea de expresar, con cierta inteligencia poética…?

“El aplanamiento del mundo” del que esta edición se ocupa no sólo se produce en el presente, sino que se extiende como un manto sinfín hacia el pasado y el futuro. En el porvenir asume la retórica de la falta de futuro, de la imposibilidad de pensar un mundo mejor, otro mundo, otra alternativa. Hacia el pasado se propaga muchas veces con un velo que cubre, tapa, aplana las historias y las traduce violenta y perversamente en la Historia con mayúsculas, una única, hegemónica y verdadera, que encierra traumas, opresiones, represiones y exilios. Ahí la ideología más escorada a la derecha cumple por supuesto un gran papel, así como también la mirada miope de quien quiere ver una panorámica de un paisaje bello y paradisiaco –a la manera del colono recién aterrizado en una isla que se le presenta exótica, fértil y accesible, lista para su conquista–, de un tiempo pasado que siempre fue mejor, de un escenario sin un otro, una otra, una alteridad radical, sin nadie con quien querer generar un mundo en común, una vez apagado el deseo de búsqueda de formas de estar junto con para una convivencia empática, trazada desde las especificidades e idiosincrasias, desde lo compartido y lo diferente.
Se trata por tanto, en esta edición, de caminar el futuro hacia el pasado, de tropezar con el presente, palpando con las manos, los dedos, los ojos, una ingente cantidad de pliegues y rumores que recorren las esquinas de nuestros mundos, como venas ancianas, como ríos cargados de promesas que van a morir al mar. Paisajes sin horizontes, rugosos mares de olas bravas, lagos y pantanos que se hunden en la memoria, flujos de cables transoceánicos, instantes de violencia y represión que todavía resuenan, como ecos que se presentan incesantemente, como estallidos, de pólvora, militar y festiva… Fenomenología del ruido en Valencia; estética fósil y escrituras desde el polvo; arquitecturas extractivistas; presas tardofranquistas y archivos promiscuos; pantanos en Navarra y rutas comerciales de guano en Perú; patrimonio natural –naturalizado– en Tenerife; historias de desaparición en el Valle de Cuelgamuros; cruces, placas y disputas de una memoria que tropieza en La Rioja; vivienda y urbanismo en Logroño; turismo y gentrificación en Mallorca; fronteras líquidas y bordes institucionales que se dispersan...
Y es que lo situado no es sinónimo de “acotado”, esto es, de “clausurado” o “circunscrito”, como si se tratara de un ente volumétrico que bien pudiera sostenerse en la palma de las manos, como piedra inerte o fósil a inspeccionar. Ponerse en situación es y será siempre un ejercicio del cuerpo (y de la mente), que se orienta(n), que mira(n) hacia algún lugar o momento de la historia, que adopta(n) una gestualidad, un léxico y una postura específica: la que permite comenzar a caminar en una dirección concreta (en el tiempo, la memoria, el espacio…), quizás para volver luego a cambiar el rumbo, la marcha, el ritmo, para andar en zigzag o para no retornar nunca. Comencemos.
Las Jornadas invertebrados de Pensamiento Crítico sobre Estética, Cultura y Arte Contemporáneo vuelven a Logroño con una nueva edición. Del 14 al 16 de noviembre, la ESDIR, la Biblioteca Rafael Azcona y La Lonja 39/41 acogerán ponencias y encuentros abiertos (de carácter gratuito) que reflexionan sobre las relaciones entre arte, territorio y sociedad.
Esta edición 2025, subvencionada por el Ayuntamiento de Logroño y con el apoyo de la ESDIR, consolida su apuesta por un pensamiento crítico descentralizado y de acceso libre, fortaleciendo el papel de la ciudad como espacio de reflexión cultural contemporánea.
Te podría interesar...