Escribíamos hace unos años sobre el rastro –concretamente sobre el rastro de la babosa– en la publicación de invertebrados I. Escribíamos sobre la estrecha relación entre el ser y el seguir –entre el uno y el otro puestos en movimiento, en contacto–; también sobre el pensador francés Jacques Derrida que decía que ser (algo, alguien) consiste siempre en estar siguiendo (a algo, a alguien), estar siempre respondiendo a la llamada de algo. Sobre el hecho de que ser es seguir, es devenir, es rastrear sin pausa: invertebrarse-desmembrarse-remembrarse.

Sábado 15 en La Biblioteca Rafael Azcona. Fotografía de Juan Martín Fernández.
Escribíamos sobre ser como una babosa, ser rastro, ser devenir, ser siendo, seguir siendo… Y si todo esto todavía nos interesa o tiene algo de valor es porque, pasado algo más de un mes de la celebración de invertebrados IV, seguimos el rastro de lo que sucedió: ese rastro brillante que tiene la babosa y que anuncia un porvenir cargado de futuros, de posibilidades… Ha pasado ya más de un mes desde que terminaran las Jornadas, con lo que solo nos queda el rastro, o mejor dicho: solo nos queda seguir el rastro. Que no es poco, que de hecho es mucho, muchísimo, que nos llena el corazón, que nos hace estar felices, agradecidxs, ilusionadxs... Que nos obliga, por otra parte, a plantearnos cómo seguir trabajando, pensando, cómo seguir la conversación, cómo seguir la pista de ese rastro baboso y reluciente, que deslumbra, intriga e infunde deseos y promesas.
Pensamos también, después de este mes, que quizás el rastro que haya que seguir sea el que todavía no se ha recorrido, que solamente se ha señalado, advertido, apuntado, que solo se ha iniciado temerosamente. Un rastro que, en ocasiones, no tiene huella, o cuya impronta vibra reluciente y aspira a ser un indicio de futuro, una proyección palpitante, un espectro por-venir. Pensamos el rastro hacia el futuro, hacia 2026, pensamos un rastro que se escribe en espiral y se escurre por La Rioja, que camina las calles de Logroño y sigue su pista hacia las montañas…

Viernes 14 en La ESDIR. Fotografía de Juan Martín Fernández.
Como el rumiar de la vaca, que va y viene, y vuelve, y se celebra casi sin fin… así llevamos unas semanas y ahora empezamos a digerir un poco lo que sucedió en Logroño durante los días 14, 15 y 16 de noviembre, donde siguen resonando los estruendos de la pólvora valenciana, también los rugidos de aquel volcán canario, donde se posa el polvo –listo para su reescritura–, donde permanecen vivos los debates sobre turismo, vivienda y urbanismo –desde donde continuarlos en el tiempo–, donde circulan narraciones sobre rutas comerciales de Guano y donde también brillan las prístinas superficies de presas tardofranquistas, donde quedan en la memoria relatos de archivos promiscuos –cargados de futuro–, donde también la memoria tropieza, donde tropieza con la violencia, con desapariciones forzadas del propio territorio, que se conecta a su vez con muchos otros territorios, plagados de ausencias, represiones, interrupciones, silencios, gestos y disputas…
Todo esto fue (y es) invertebrados IV, que permanece en nuestros cuerpos, en nuestras memorias, que viaja entre ciudades, que se invertebra, se desplaza, saltando entre conversaciones, bares, bailes, idas y venidas. Además, mucho de todo esto es, será –eso deseamos–, el germen de más conversaciones, investigaciones y proyectos colectivos en el contexto de Logroño, desde donde seguir tropezando y abriendo grietas.

Domingo 16 en La Lonja. Fotografía de Juan Martín Fernández.
Infinitas gracias a lxs ponentes que vinisteis a compartir tan generosamente aquellos días vuestras investigaciones; a las instituciones que hicieron posible las jornadas y al Ayt. de Logroño por su financiación; a Carmen Montiel Cervantes y Juan Martín Fernández por la dedicación incondicional; Cristina Gogiltan (@cristina_gogiltan) e Ismael Chahid (@ichahidd) por el maravilloso diseño; y por supuesto a todxs lxs que asististeis a las ponencias, porque dais sentido a todo esto.
Os esperamos el año que viene a todxs! Gracias de corazón
Escribíamos hace unos años sobre el rastro –concretamente sobre el rastro de la babosa– en la publicación de invertebrados I. Escribíamos sobre la estrecha relación entre el ser y el seguir –entre el uno y el otro puestos en movimiento, en contacto–; también sobre el pensador francés Jacques Derrida que decía que ser (algo, alguien) consiste siempre en estar siguiendo (a algo, a alguien), estar siempre respondiendo a la llamada de algo. Sobre el hecho de que ser es seguir, es devenir, es rastrear sin pausa: invertebrarse-desmembrarse-remembrarse.

Sábado 15 en La Biblioteca Rafael Azcona. Fotografía de Juan Martín Fernández.
Escribíamos sobre ser como una babosa, ser rastro, ser devenir, ser siendo, seguir siendo… Y si todo esto todavía nos interesa o tiene algo de valor es porque, pasado algo más de un mes de la celebración de invertebrados IV, seguimos el rastro de lo que sucedió: ese rastro brillante que tiene la babosa y que anuncia un porvenir cargado de futuros, de posibilidades… Ha pasado ya más de un mes desde que terminaran las Jornadas, con lo que solo nos queda el rastro, o mejor dicho: solo nos queda seguir el rastro. Que no es poco, que de hecho es mucho, muchísimo, que nos llena el corazón, que nos hace estar felices, agradecidxs, ilusionadxs... Que nos obliga, por otra parte, a plantearnos cómo seguir trabajando, pensando, cómo seguir la conversación, cómo seguir la pista de ese rastro baboso y reluciente, que deslumbra, intriga e infunde deseos y promesas.
Pensamos también, después de este mes, que quizás el rastro que haya que seguir sea el que todavía no se ha recorrido, que solamente se ha señalado, advertido, apuntado, que solo se ha iniciado temerosamente. Un rastro que, en ocasiones, no tiene huella, o cuya impronta vibra reluciente y aspira a ser un indicio de futuro, una proyección palpitante, un espectro por-venir. Pensamos el rastro hacia el futuro, hacia 2026, pensamos un rastro que se escribe en espiral y se escurre por La Rioja, que camina las calles de Logroño y sigue su pista hacia las montañas…

Viernes 14 en La ESDIR. Fotografía de Juan Martín Fernández.
Como el rumiar de la vaca, que va y viene, y vuelve, y se celebra casi sin fin… así llevamos unas semanas y ahora empezamos a digerir un poco lo que sucedió en Logroño durante los días 14, 15 y 16 de noviembre, donde siguen resonando los estruendos de la pólvora valenciana, también los rugidos de aquel volcán canario, donde se posa el polvo –listo para su reescritura–, donde permanecen vivos los debates sobre turismo, vivienda y urbanismo –desde donde continuarlos en el tiempo–, donde circulan narraciones sobre rutas comerciales de Guano y donde también brillan las prístinas superficies de presas tardofranquistas, donde quedan en la memoria relatos de archivos promiscuos –cargados de futuro–, donde también la memoria tropieza, donde tropieza con la violencia, con desapariciones forzadas del propio territorio, que se conecta a su vez con muchos otros territorios, plagados de ausencias, represiones, interrupciones, silencios, gestos y disputas…
Todo esto fue (y es) invertebrados IV, que permanece en nuestros cuerpos, en nuestras memorias, que viaja entre ciudades, que se invertebra, se desplaza, saltando entre conversaciones, bares, bailes, idas y venidas. Además, mucho de todo esto es, será –eso deseamos–, el germen de más conversaciones, investigaciones y proyectos colectivos en el contexto de Logroño, desde donde seguir tropezando y abriendo grietas.

Domingo 16 en La Lonja. Fotografía de Juan Martín Fernández.
Infinitas gracias a lxs ponentes que vinisteis a compartir tan generosamente aquellos días vuestras investigaciones; a las instituciones que hicieron posible las jornadas y al Ayt. de Logroño por su financiación; a Carmen Montiel Cervantes y Juan Martín Fernández por la dedicación incondicional; Cristina Gogiltan (@cristina_gogiltan) e Ismael Chahid (@ichahidd) por el maravilloso diseño; y por supuesto a todxs lxs que asististeis a las ponencias, porque dais sentido a todo esto.
Os esperamos el año que viene a todxs! Gracias de corazón